GOBERNAR

¿QUE ES GOBERNAR?

Es ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado, ciudad o colectividad. 

En el ámbito de la política donde mayormente se menciona la palabra gobernar dado que la misma justamente refiere el mando que un individuo ejerce en una nación gracias a la autoridad conferida por un órgano legislativo, o bien por la decisión del pueblo a través del voto. Todas las acciones que por ejemplo un presidente de un país realiza en la ejecución de su cargo implican la acción de gobernar.

Mientras tanto, se denomina de modo general como gobierno a aquella autoridad que tiene la misión de dirigir los destinos políticos de una patria, controlarla y administrar todos los órganos del estado. Ahora bien, esa autoridad que mencionamos puede estar encarnada por un presidente, en los sistemas presidencialistas o por un Primer Ministro como sucede en las monarquías parlamentarias, entre otros.


¿COMO HACER QUE UN GOBIERNO SEA JUSTO?

El Buen Gobierno requiere de acciones concretas en el mejoramiento de la justicia, la lucha contra la corrupción, la observancia de los derechos humanos, la preservación del medio ambiente y la protección a la ciudadanía. ... Empoderando los ciudadanos en las decisiones y las responsabilidades de nuestro desarrollo.

La corrupción constituye un obstáculo enorme para el desarrollo económico y social y para el logro del objetivo mundial de poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030, pero sabemos que podemos y debemos hacer mucho más por luchar contra ese flagelo.

La corrupción equivale, simplemente, a robar a los pobres. Constituye un doble menoscabo del crecimiento y la prosperidad, en lo que se refiere no solo al desvío de recursos de sus fines previstos sino también a los efectos a largo plazo de los servicios que no se prestan: falta de vacunación, falta de suministro de útiles escolares, falta de construcción de caminos. En mis viajes por el mundo he visto el efecto corrosivo de la corrupción en la vida de los pobres, y el consiguiente deterioro pronunciado de la confianza de los ciudadanos en sus Gobiernos.

La publicación de los papeles de Panamá nos recuerda la rápida expansión y el poder de la transparencia, y dio lugar a que se llamara a poner fin a los paraísos tributarios para los muy acaudalados que ocultan su dinero de los Gobiernos.

Transparencia radical. No hay marcha atrásDebemos garantizar que la mayor transparencia impulse la prevención y el descubrimiento de la corrupción en los años venideros. De cara al futuro, estamos dispuestos a apoyar nuevos acuerdos internacionales que establezcan normas y sistemas que mejoren el intercambio de información entre los países para evitar el flujo ilícito de fondos.

Segundo, debemos usar la innovación y la tecnología para impulsar el cambio en todo el mundo. La tecnología nos puede ayudar a mejorar la prestación de servicios y aumentar el escrutinio de cómo se usan los fondos. El uso de tarjetas inteligentes biométricas en India ha dado lugar a que se desvíen menos recursos de sus fines previstos, los titulares de esas tarjetas recibieron 35 % más dinero en relación con un programa público de empleo y recibieron sus pagos un 30 % más rápido que otros beneficiarios del programa. En Mindanao (Filipinas), el seguimiento geoespacial y la fotografía digital han contribuido a la construcción oportuna de caminos en zonas sumidas en conflictos.

Tercero, debemos hacer más para lograr la participación de los ciudadanos y el sector privado. Si bien la información se está volviendo más accesible, es preocupante que en muchos casos se esté reduciendo el espacio para que los ciudadanos y las organizaciones no estatales expresen sus objeciones. La muerte de activistas, como Berta Cáceres, Nelson García y tantos otros en Honduras, ha tenido un efecto paralizador en la responsabilidad. Debemos hacer todo lo que podamos para proteger a los defensores de la transparencia.

Por último, sabemos que en la lucha eficaz contra la corrupción debe colaborar una amplia coalición de líderes del Gobierno y de fuera del Gobierno. Si bien el diálogo mundial sobre la corrupción con frecuencia se ha centrado en ese flagelo en el mundo en desarrollo, lo ocurrido en los últimos tiempos destaca el papel cumplido por las políticas y las prácticas de los países desarrollados que permiten que haya corrupción. Estudios realizados han demostrado que los activos mal habidos suelen guardarse en países desarrollados, lo que empobrece más a los países en desarrollo.

4 formas de reducir la corrupción en América Latina:


El primero de la lista es mejorar los mecanismos de regulación y control de la función pública. Esto implica combinar reglas ex ante que limiten las atribu­ciones y discrecionalidad de los funcionarios (qué decisiones pueden tomar y cómo), y controles ex post que fiscalicen esas decisiones y acciones una vez que han sido ejecutadas. En otras palabras, es necesario adoptar criterios objetivos para la toma de decisiones (por ejemplo, en el caso de compras públicas y contrataciones), reforzar las instancias de fiscalización (como los órganos auditores) y fortalecer los sistemas de justicia con procedimientos y protocolos que faciliten investigaciones y la generación de pruebas (como el mecanismo de delación compensada).

El segundo frente de acción tiene que ver con la mejora de los mecanismos de entrada a la política y a cargos de funcionarios públicos. Esto implica la selección de profesionales capaces, con baja tolerancia a la corrupción y ajenos a relaciones clientelares o intereses particulares para garantizar independencia en el ejercicio de los cargos y un sistema de contrape­sos efectivo en el Estado. Para el caso de cargos políticos los sistemas electorales deben estar orientados a maximizar la pluralidad y la competencia en­tre opciones. Para ello las regulaciones al financiamiento de campañas, como los límites a los aportes de empresas y de particulares y topes a los gastos electorales, pueden ayudar.

El tercer punto implica activar al ciudadano para que monitoree la acción de los funcionarios y promueve la rendición de cuentas. Un requisito indispensable es la hacer que la información sea accesible a través, por ejemplo, de leyes de acceso a la información y de gobierno abierto. Adicionalmente, deben existir canales de reclamo más allá del voto, como la creación de espacios para la participación y denuncia a través de plataformas digitales o redes sociales promovidas desde el propio Estado.

El cuarto, es imprescindible mejorar las regulaciones para controlar la influencia de los intereses de empresas y particulares en las decisiones del Estado. Para lograrlo, se requieren leyes que penalicen a las personas jurídicas involucradas en el pago y ofrecimiento de sobornos. También se requiere la regulación de los conflictos de interés y actividades de cabildeo o lobby. En la contratación de obra pública y en iniciativas de APP es importante reforzar las capacidades de las entidades contratantes para evitar que contratos inadecuados se traduzcan en costosas renegociaciones en la etapa posterior a la licitación.

En los próximos años, los países de la región tienen una importante tarea por delante: recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones públicas a través de una gestión transparente que minimice las opciones de corrupción. Y esto solo se logrará con Estados más transparentes, eficientes en el uso de los recursos públicos, que sancionen las irregularidades y que sean sensibles a las verdaderas necesidades de los ciudadanos.





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